La televisión ocupa un lugar sustancial en la vida de muchos niños, jóvenes y adultos. A través de ella, la información, el entretenimiento y la cultura encuentran una puerta de entrada a cada hogar. Desde allí nos invitan —cualesquiera sean nuestras edades— a conformar una comunidad extensa, diversa y compleja.
Para cada uno de nosotros, mirar TV es mucho más que sentarse frente a una pantalla. Es la posibilidad de conocer el mundo y los modos de habitarlo. Tomar contacto con los conflictos y las diferencias. Aproximarse a ideas distintas y reconocer puntos de vista. Es distenderse y preocuparse. Es imaginar, divertirse, desear, pensar y participar.
Por eso la televisión va mucho más allá de los propios programas. Tiene protagonismo cotidiano y muy especialmente durante la vida infantil. La TV habita en conversaciones, opiniones, juegos, aspiraciones, modos de vestir, de moverse o de hablar de chicos y chicas. Cimienta intereses, preguntas, preocupaciones, soluciones, gustos y preferencias que acompañan a los más pequeños en su presente inmediato y quizás también en su futuro.
La televisión es hoy en día —junto a distintos entornos digitales como Internet— un espacio de socialización para la infancia. Una agencia tan importante como la escuela y la familia con las que convive. De allí, que la oferta televisiva (aquello que chicos y chicas ven y tienen oportunidad de conocer) se vuelva una cuestión fundamental para el desarrollo cultural y educativo. De allí la importancia de un canal del Estado que garantice el acceso a los niños y niñas de nuestro país a contenidos de calidad, multiculturales, respetuosos de sus derechos y de sus capacidades.
(contenido extraido de www.pakapaka.gov.ar)
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